La producción, paso a paso: El caso de "Tchang"

Hugo en labores de localización previa en Sierra Nevada
Hugo en labores de localización previa en Sierra Nevada

En esta entrada del blog de #necesitounproductor rescato este texto, escrito a los 2 meses del estreno del mediometraje "Tchang", que explica y pone en contexto y detalle las funciones y el trabajo realizado por mí, como productor ejecutivo de este proyecto de cine.  

 

TCHANG: LA PRODUCCIÓN, PASO A PASO

 

La producción de Tchang ha llevado un largo proceso dada su complejidad como proyecto cinematográfico, más cercano al esquema de un largometraje que al de un corto.

 

Gonzalo Visedo recibe de mano de un amigo una noticia de un periódico y escribe el guión en 2006, pero una vez que viaja a Sierra Nevada y consigue saber que hay un sitio donde algún día se podría rodar esta historia. Tras unos primeros intentos de producción casi en solitario de Gonzalo, Hugo Serra se une al proyecto y ambos comienzan a plantear un presupuesto y sobre todo un planteamiento viable para encarar el tremendo reto de conseguir esa cifra y todos los medios necesarios.

 

Hugo pide, como productor individual una subvención de la Comunidad De Madrid en 2008 y se la conceden, pero el importe y sobre todo los inamovibles plazos la hacen insuficiente e inviable para poder rodar en el invierno. Por ello, renuncia con tiempo y comienza a plantear el proyecto, desde cero, como una co-producción.

 

En ese verano y dentro de una ronda de emails a Fundaciones para varios proyectos, Hugo había mandado uno a la Fundación Cultura de Paz, que preside Federico Mayor Zaragoza. El milagro es que fue leido y contestado en muy poco tiempo, sin mediar llamada telefónica alguna. Hugo informa a Gonzalo de este interés, que sobre reafirma la calidad y trascendencia de la historia de aventura, amistad y redención que tienen entre manos. Este primer apoyo supondría 4.000 euros de financiación en la parte final del montaje.

 

La labor continúa buscando productoras en Andalucía (teniendo claro esos lugares de rodaje ya pre-localizados por Gonzalo junto a la estación de ski) y en Euskadi (viendo que el final también sería adecuado rodarlo en una localidad de allá). En ambos casos, Hugo busca minuciosamente, sabiendo que se trata de una tarea difícil, teniendo en cuenta que lo que se necesita es solicitar las ayudas cinematográficas correspondientes en cada Comunidad y que implicar a otras productoras conlleva mucha responsabilidad y supone varios años de gestiones.

 

La mayoría de productoras andaluzas no están interesadas, bien por presentar ya proyectos a las convocatorias de ayudas (y es bien sabido que no suelen dar más de una ayuda por empresa), bien por estar sólo con largometrajes o TV-Movies, o por otras razones. Nadie pone en duda la calidad y seriedad del proyecto, eso sí. De repente, Mamen Carrascal, una ayudante de producción onubense con la que Hugo coincide en la producción de “The End” abre la puerta: “tengo unos productores que son como tú, pero en Sevilla”. Y le pone en contacto con Guillermo Rojas y Luis Melgar, los dos socios de Dosdecatorce Producciones. Aprovechando un viaje a Madrid de Luis Y Guille, Gonzalo y Hugo despliegan  su labia y sobre todo sinceridad habituales para convencerles. Los andaluces, uno es cordobés y otro algecireño, acceden a colaborar y se convierten en los compañeros necesarios para ir escalando el ochomil. Entre los cuatro comienzan a dar nueva forma al dossier ya existente y Tchang se presenta, como proyecto andaluz ya, al concurso anual de la Diputación de Málaga. Un par de meses después es galardonado con el primer premio para proyecto en 35mm. Los primeros 10.900 euros de financiación están en la mesa y sobre todo se concreta el interés institucional que tiene esta épica historia.

 

Mientras se amplía de nuevo ese primer dossier para mandarlo también a las ayudas de la Junta de Andalucía, Hugo busca a los socios vascos. Otra ronda de emails y llamadas a gente que en su mayoría no conoce. Tras unos cuantos noes y varios nosaben/nocontestan, Hugo se acuerda de Álex Montoya, un viejo amigo de los festivales de cortos, que si bien es valenciano, está asociado con Jon D. Dominguez, un director de fotografía vasco. Ambos tienen reciente la constitución de una productora, con sede en Getxo. Morituri es casi perfecta para el esquema que propone Hugo, por un lado pedir las ayudas vascas a proyecto y por otro ser co-productor, pase lo que pase, al aportar su cámara Red One con accesorios para el rodaje.

Una vez con Morituri en el lobby, se plantea un calendario global añadiendo los plazos de las ayudas vascas, tanto de posible confirmación como de pago. Y llega también la buena noticia de la concesión de la ayuda de la Junta de Andalucía, con 20.000 euros, aunque siempre se hace en dos pagos. Ya hay casi 22.000 euros que si se cobran por adelantado y que permiten plantear fecha de rodaje para febrero/marzo de 2010.

 

El rodaje siempre se planteó por fases. La primera siempre tenía que ser la más difícil y costosa: la montaña y la nieve. Los desgloses del guión siempre preveían unos 5 días como mínimo, que acabaron siendo 7. Luego se rodaría la parte de la cueva, en un decorado que se instaló en una nave frigorífica alquilada, en los alrededores de Madrid, en otras 3 jornadas. Y el final, otras 2 jornadas, que finalmente fueron en Vitoria-Gasteiz, por las facilidades para rodar allí en vez de algún pequeño pueblo que se miró con antelación.

 

Los 3 rodajes tuvieron un intervalo de un mes por en medio, con las ventajas e inconvenientes que eso conlleva. Del 10 al 16 de marzo a 2.500 metros de altura. Del 16 al 18 de abril encerrados a cero grados. Y el 23 y 24 de mayo en las calles y plazas emblemáticas de Gasteiz con calor casi veraniego.

 

Otra decisión importante que se toma en el proceso es añadir a un co-director como Daniel Strömbeck para dar solidez a la parte visual y que Gonzalo, que aun no tiene todo el callo como realizador, pueda centrarse en la interpretación y dirección de los actores. El tándem, aunque ambos trabajan a distancia en la preparación y planificación, ya que Strömbeck vive y trabaja en Sevilla, funciona. Se decide hacer un story board de la parte de los exteriores, que realiza con su maestría habitual otro amigo de los productores, Francis Díaz Fontán.

 

Pero antes de rodar también se fueron concretando otras cosas importantes: la concesión de la ayuda del Gobierno Vasco, en esta caso con la máxima cuantía (20.000€) y la aparición de un cuarto productor, Josele Bernabé (con su sello BlueSouth Esp.), al que Hugo conoce en el festival de Benalmádena unos meses antes y es el hombre indicado para conseguir otra pata de financiación: ahorrar los costes de alojamiento y manutención del equipo de rodaje en Sierra Nevada.  Josele, por su experiencia previa de rodaje en la estación, tiene los contactos y realiza las gestiones y negociaciones necesarias con el departamento de prensa y comunicación de Cetursa, la empresa que gestiona la estación. Y lo consigue todo, ya con las fechas de rodaje puestas. Incluso se consigue una modesta pero eficaz aportación en especie (alimentos, pilas y otros consumible) del Ayuntamiento de Monachil.

 

Mientras, en Madrid, se alquila una oficina donde Hugo puede montar el cuartel general de la producción y se va rematando otro de los trabajos más arduos, la negociación final con la Guardia Civil, para todos los permisos y la implicación (que acaba siendo total) del SEREIM, el Servicio de Intervención y Rescate en Montaña de la Guardia Civil en Granada, con los que ya se había ido hablando todo este tiempo y que estaban muy por la labor.

En esa intermediación final aparecen varias figuras clave, el teniente Cubillo, del ORIS y Antonio Espinosa, el gerente de la Fundación Guardia Civil, ya que Hugo intenta que dicho departamento aporte también dinero para la producción, al entender que el mensaje de Tchang encaja perfectamente con los fines de comunicación de la Fundación. Se logra también la colaboración económica, aprobada por el Patronato de forma oficial unos meses después, que finalmente se hace efectiva en la fase final del cortometraje, junto con la reseñada ayuda de la Fundación Cultura de Paz. Estas aportaciones, más allá de su importante cuantía, son especialmente valiosas sabiendo que permitirán tener a “Tchang” una visibilidad mucho mayor, sobre todo en entornos muy distintos a los festivales de cine, el lugar “natural” donde los cortos son enviados para ser exhibidos, optando a premios, que se convierten su principal opción de obtención de ingresos.

 

En ese periodo ya previo al rodaje, se contacta con todo el equipo técnico necesario (que también tiene sus dificultades, ya que casi nadie cobra por el trabajo, porque dispararía los costes, aunque siempre hay profesionales dispuestos), destacando dos labores fundamental en todo rodaje. La dirección de fotografía, que asume Aitor Uribarri, un joven pero experto conocedor del formato Red One con el que ibamos a rodar. Y la ayudantía de dirección, que realmente es el “jefe del rodaje”, organizando las jornadas, horarios y estableciendo el orden para rodar cada plano. Esa función la realiza Rodrigo López Casas.

También se concreta a Gonzalo Solas como jefe de sonido, con el importante reto de hacer una mezcla final en el modo de sonido envolvente (5.1). Para otros cargos importantes sin cubrir aún, se incorporan María Solans (maquillaje, con la especial complejidad de algunos efectos) y Arantxa Méndez (vestuario) que además tienen bastante trabajo de preparación. En el caso del vestuario, es importante recordar la implicación conseguida por Arantxa de varias marcas de ropa como THE NORTH FACE, LOWE ALPINE, ASOLO y la cadena SPORT ZONE aportando en régimen de cesión algunos complementos.

 

También se realiza la labor de casting, capitaneado por Luz Martí. Para el personaje más importante, Paco, Hugo y Gonzalo ya tenían desde 2008 a Antonio de la Torre, pero finalmente este actor no tuvo las fechas libres. Como opción B se buscó a otro potente y conocido actor, Antonio Garrido, en enero.  Pero ocurre lo mismo, una serie y una película ocuparon sus pocas fechas libres en marzo, haciéndolo inviable. Cunde un poco el pánico y en un casting ya in extremis (para los otros 3 papeles no hubo problema y Martxelo Rubio, Gorka Lasaosa y José Luis Ayuso fueron los elegidos) aparece un desconocido Juan Aroca, buen actor andaluz pero metido a monologuista en los últimos años, que realiza una buena prueba y convence a Gonzalo, Hugo y Luz.

 

En un fin de semana de febrero, a un mes del rodaje, los 4 actores, productor principal y director se van a formarse física y técnicamente junto a un instructor de lujo, el alpinista Ramón Portilla, que formó parte muchos años del equipo de “Al Filo de Lo Imposible”. Esta preparación estuvo en el presupuesto y en la cabeza de los promotores siempre, porque les parecía imprescindible para la credibilidad de las interpretaciones de los actores en la montaña. Esos dos días, además de inolvidables y divertidos, pese a la dureza (imposible no acordarse de aquellas caminatas bajo la ventisca en el Peñalara), también crearon un espíritu de equipo y una química entre todos, que luego se mantuvo y transmitió al resto del equipo en rodaje. Durante las tardes/noches se aprovechó para realizar lecturas de guión, incluyendo la supervisión de algunos detalles técnicos de alpinismo con Ramón.

 

Los 3 rodajes, en las fechas ya reseñadas se organizan de la mano de 3 jefes de producción.

Josele Bernabé, el productor asociado malagueño, toma el timón en Sierra Nevada, donde 30 personas lo dan todo en los 7 días seguidos de rodaje. Hay días muy complicados, el hielo de la carretera impide subir a las furgonetas un par de mañanas. El día de rodaje con el helicóptero sale todo increíble. Se sufrieron percances como el esguince leve de Luis Melgar y bajas como la de Rodrigo López Casas, el ayudante de dirección, que tiene que ser hospitalizado unas horas el penúltimo día de rodaje, pero el rodaje se saca adelante, con todas las escenas grabadas con nuestras 2 cámaras Red One (Blue South Esp. también aporta la suya).

 

En Madrid le toca el turno a Javi Cano, que ya estuvo previamente buscando la nave frigorífica más adecuada para poder hacer este peculiar uso, como plató. La empresa ASGASA en San José de Valderas tiene lo que buscamos y pactamos un buen precio, horarios y condiciones. Tres días con muchos madrugones y más frio que en la propia Sierra, con un fabuloso (y muy económico, gracias al reciclaje) decorado de cueva diseñado por el director de arte, Xabi Iriondo y construido por tan solo 3 personas, que conocía el reto y el proyecto desde la primera versión de guión. Las interpretaciones con frío y el vaho son muy creíbles. Y también cumplimos el plan.

 

En Vitoria, tras una primera localización previa, el reto de organización lo asume Mónica Mateo, con la inestimable ayuda de una chica local, Itziar Gutiérrez. Los permisos son rápidos y el restaurante que convertimos en taberna (con unas cuantas sillas y mesas de alquiler) está muy por la labor, al hacerlo el lunes que está cerrado. Incluso el equipo pasa calor, con más de 25 grados, en la Plaza del Matxete. El rodaje de la escena final, que tiene sus complicaciones, pasa más o menos desapercibido, aunque en una de las tomas los gritos de la actriz llaman la atención de una policía de paisano.

 

Se ha rodado un total de 12 días y un montón de horas (y por tanto Gigas de datos), convenientemente volcados a discos duros con sus back-ups correspondientes. Es lo que tiene la era del cine digital, ya no hay que revelar el negativo de 35mm y ni siquiera etiquetar cintas, todo el material son archivos informáticos (en este caso R3D) en discos duros. Y si que hay que tener a alguien encargado de esta labor informática que requiere paciencia y cariño.

 

Tras un parón necesario para tomar aire, se comienza la labor de montaje. Esa tarea la comienza Mario, un colaborador habitual de Hugo, pero algo se tuerce por falta de tiempo y que no hay “química” con Gonzalo, que aquí va a llevar las riendas de las decisiones y tiene claro lo que quiere. Un pequeño gabinete de crisis decide una re-búsqueda rápida de opción B. Aparece la persona idónea, Cristina Laguna que re-organiza material y pone su propio calendario, ya que trabaja en su propia casa. Esta vez si que se realiza el montaje como Gonzalo había pensado. Para julio se tiene ya un premontaje y se decide mandar en fecha al festival de Venecia, aunque es lo que se conoce como copia de trabajo o work-in-progress, ya que no está finalizada ni en la máxima calidad final, es literalmente imposible tenerlo finalizado del todo.

 

Luego vino la fase final de postproducción, que se complica algo por las fechas de la empresa que lo llevó a cabo y siempre estuvo implicada (Filmbakers) y la proximidad del verano que casi siempre paraliza todo. Pero se hace una gran parte y otra se deja a expensas de lo que pase si hubiese selección en Venecia. Esta no ocurre y, aunque no es una buena noticia, si que permite que en septiembre y sin prosas se pueden hacer los procesos que faltan, incluyendo los efectos visuales adicionales que las escenas de ventisca necesitan para tener un acabado impecable.

 

Estos efectos los hace Antonio Ramos en su equipo y luego se insertan en el equipo de Mistika donde Juan Ignacio Cabrera realiza el etalonaje final (corrección de color y contraste de imagen) siempre con la presencia de Aitor, Gonzalo y Hugo, que sigue tomando decisiones y opinando con Gonzalo sobre todos los procesos.

 

Un poco más adelante se realizan las mezclas definitivas del sonido (en el estudio Enboca Audiovisual) que había ido volcando, editando y limpiando Gonzalo Solas en su estudio de Corleone Films, introduciendo la emotiva banda sonora compuesta en Sevilla por Paco Prieto, que también tuvo un calendario propio y un seguimiento cercano por parte de Gonzalo y Daniel.

 

En octubre se realiza el paso a 35mm del archivo final, con una duración final de casi 28 minutos. Un mes antes, la noticia recibida por Hugo en su email era la más deseada, el corto había pasado la selección e iba a poder estrenarse en Madrid, en el Cine Capitol y sus conocidas sesiones de cortometrajes: Cortogenia. Aquel 28 de octubre, con la asistencia de casi todo el equipo y un llenazo histórico, fue la confirmación de que llevar a cabo este proyecto ha sido como escalar un ochomil o quizá varios, porque cada fase ha supuesto una auténtica montaña.

 

Hugo Serra

Productor ejecutivo “Tchang”

 

Escrito en Diciembre 2010

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